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Diferencia

jueves, 13 de marzo de 2014

     La escuela actual defiende la igualdad, pero se confunden los términos y lo que al final se acaba haciendo es homogeneizar, cuando en los artículos de la LOE (concretamente el nº2) se defiende explícitamente que: "El sistema educativo español se orientará a la consecución de los siguientes fines: El pleno desarrollo de la personalidad y de las capacidades de los alumnos". Un médico no manda el mismo tratamiento a todos sus pacientes inclusive cuando éstos tienen la misma enfermedad con los mismos síntomas.


     España, curiosamente, es de los pocos países que incluye un artículo en su ley sobre educación que indica que esta actuación debe realizarse, y sin embargo no lo cumple (hay otros países que enfocan esta idea mucho mejor sin incluirlo en sus leyes). 

     El caso es que existe una escuela actual que trata a todos sus alumnos por igual, cuando evidentemente no lo son. Se procura "igualar" y realizar una pasta suave y uniforme, que no potencia en absoluto esas capacidades, mucho menos la creatividad. La estupenda frase-eslogan "Somos todos iguales" suena de maravilla y la pegaría en la maleta de viaje, si no fuera por el peligro que conlleva implícito. Nunca hemos sido iguales ni lo vamos a ser.

     Si mezclas todos los colores de tus botes de pintura, al final obtienes el mismo color que en una excreción fecal. Son las diferencias las que nos aportan enriquecimiento. Si todos al final aportamos lo mismo... ¿qué estamos haciendo?

     Entonces, al alumno que destaca por sus aptitudes (y ya se encuentran este tipo de niños con suficientes problemas porque, la diferencia tiene un coste social) se le ahoga en esa masa pasada por la batidora (ñiiiuuunn, ñiiuun) de la "homogeneización" escolar.

Las patas le llegan hasta el suelo

jueves, 29 de marzo de 2012

En palabras de Oscar Isnardi (profesor de matemáticas y pedagogo) la lógica infantil tiene un fuerte paralelismo con la lógica bivaluada. Para los niños las cosas son o no son, es sí o es no, es posible o imposible, es decir, como la lógica Booleana, es verdadero o falso, es uno o cero. Por lo tanto el razonamiento infantil supera toda expectativa adulta porque sigue los paso de la lógica bivaluada.

Sin embargo, esta capacidad de evaluar lógicamente los pensamientos se pierde especialmente durante la adolescencia por varios motivos:

- La ambición aprendida nos hace perder el sentido común.
- Los niños no especulan con las respuestas, cosa que por el deseo de éxito de los adultos, hacemos perder a medida que se va creciendo.
- Las malas correcciones basadas en el NO rotundo y muy alejadas del descubrimiento racional del error hacen que no fluyan con facilidad respuestas con diferentes enfoques. En más de un caso no existe una sola respuesta correcta.

Os dejo un ejemplo esclarecedor que además espero que haga pasar un buen rato a más de uno:




Este es el razonamiento que supera mis expectativas como adulto : "Sus patas le llegan hasta el suelo".


Educación II

domingo, 4 de septiembre de 2011

Así, no es maravilla que uno de los más competentes reformadores de la enseñanza francesa, Jullio Simón -si mal no recordamos- haya dicho: "Todos los niños son inteligentes, hasta que entre el maestro y los padres se encargan de embrutecerlos".


Y, con todo, en la escuela primaria todavía la fuerza de las cosas mantiene cierta tendencia educadora, pese a Bain, que, contra su habitual discreción, opina que la misión del maestro es suministrar al discípulo "una cierta instrucción definida". Allí, con efecto, no cabe desatender en absoluto el sentimiento, ni la actividad corporal, ni el carácter moral del alumno. En las demás instituciones que forman los grados superiores de la jerarquía, el divorcio es tan riguroso, cuanto que las más veces hasta se procura de intento. Los griegos lo entendían de otro modo. Para ellos, ni cabía instrucción sin educación intelectual, ni educación intelectual sin cultura completa del espíritu y el cuerpo. Platón será en este punto el eterno modelo de toda enseñanza digna de tal nombre. Enseñanza -¡qué herejía para el antiguo régimen!- dad sin reglamentos, concursos, oposiciones, libros de texto, exámenes; sin borlas, mucetas y demás insignias solemnes; y -lo que es más grave aún- sin ese pedantesco abismo entre el maestro y el alumno, extraños hoy uno a otro para lo más de su vida, salvo el efímero vínculo de la lección académica, en que el profesor se siente inspirado de Real Orden todos los lunes, miércoles y viernes, de tres y media a cinco de la tarde. La unidad interna de su vocación formaba alrededor un círculo de sus discípulos; y un trato personal y continuo alimentaba esa intimidad, sin la cual es imposible que se entregue a libre comunión la conciencia, cerrada por legítimo pudor ante la mirada indiferente de un auditorio anónimo y extraño.

Francisco Giner de los ríos. Por una senda clara. Edita: Junta de Andalucía con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro. 2011.

Educación

INSTRUCCIÓN Y EDUCACIÓN

"Se nos enseñan muchas cosas -dice con frecuencia el joven-, menos a pensar ni a vivir". El resultado es lógico. Los hombres medio instruidos, pero no educados, tienen su inteligencia y su corazón punto menos que salvajes; oscilan al azar, guiados por un oscuro instinto más difícil de interpretar que el oráculo de Delfos; ignoran el arte de formar ideas propias y el de servirse de las ajenas, y la anarquía de su desvariado pensamiento se refleja en la inconstancia de su conducta, que por fáciles modo se envilece en el egoísmo y ateísmo práctico. Así, la sociedad contemporánea, hija de aquellas psicología para la cual la nota característica del espíritu es el pensamiento, no ve en el hombre más que la inteligencia, y en la inteligencia, el entendimiento; es decir, la fuerza de penetración y acomodo de los pormenores. Así también el gobierno de esta sociedad no está, como suele decirse, en manos del dinero ni de la fuerza, sino del talento, de los hombres sagaces, astutos, rápidos de compresión, descreídos de ideal y expeditos de lengua.

Por manera de educación de nuestros tiempos padece, primeramente, por suponer que el elemento intelectual es el único que necesita racional dirección, y abandonar el resto a la conciencia individual, y al irregular y a veces contradictorio, estímulo de los varios sucesos a que se fía la formación de nuestro espíritu en todas relaciones. Y en segundo lugar, peca esa educación, dentro ya de esa misma esfera, a que tenazmente se limita, por ser principal, casi exclusivamente, pasiva, asimilativa, instructiva, ciñéndose a imbuir en nosotros las cosas que se tienen por más averiguadas y dignas de saberse, sin procurar el desarrollo de nuestras facultades intelectuales, su espontaneidad, su originalidad, su inventiva.


Francisco Giner de los ríos. Por una senda clara. Edita: Junta de Andalucía con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro. 2011.






Vivencia

viernes, 15 de abril de 2011

Estar entre la gente y sentirse solo, estar en mil cosas a la vez, llevar la cuenta mentalmente de lo que necesitas a diario, dudar, maravillarse, desesperarse, consumir, comer, dormir poco, moverse mucho, meditar, o dar demasiadas vueltas a las cosas, pensar en el "y si...", acertar, equivocarse, recibir mucho, dar poco, llevar flores a casa, ver la puesta de sol tras la ventana, comer viendo la tele, caminar en paz, caminar deprisa, cantar, hablar, explicar, conducir unas centenas de kilómetros, echar de menos a familiares, amigos y animales de compañía, sentir que cuando llegas los quieres más que la semana pasada, prescindir de internet, acariciar gatos desconocidos, sentir calor antes de lo acostumbrado, ver la tierra, los almendros, notar cómo llegas al límite de tus fuerzas, padecer remordimientos de conciencia por no estudiar lo necesario, cumplir las expectativas unos días, no cumplirlas otros...

Todas estas cosas y otras muchas más son las que predominan mis circunstancias semanales en mi destino iliturgitano.
La piel se vuelve de una membrana casi transparente que absorbe todo lo que sucede y lo amplifica al máximo.

La secta pedagógica

jueves, 25 de marzo de 2010

"Roger Ikor en Las sectas (Paradigma, Madrid, 1997), comenta cómo un neolenguaje y un nuevo vocabulario es lo primero que le dan a uno en una secta para aislarse del mundo e introducirle en una nueva realidad. La inseguridad que le produce al neófito no dominar el nuevo vocabulario, circunstancia que le incomunica con el resto del grupo, hace que éste se sumerja en su estudio y en su práctica hasta conseguir su total dominio. Lo peor es que, para cuando lo tiene incorporado, también han incorporado la ideología que lo acompaña. Esto hace posible que ciertas conversaciones -que no resistirían el cuestionario de entrada de cualquier frenopático- sean tomadas sin embargo como normales en cualquier centro escolar.

-Menudo problema tengo en clase.
-Pues, ¿qué pasa?
- Ya ves, que me hago cargo de 4ºD y con 9 años que tienen, la mitad de la clase no lee bien, comete faltas de ortografía tremendas, y a duras penas sabe sumar y restar llevando. Además se portan como salvajes.
-Ah, bueno, no te preocupes. Haces una adaptación curricular para los que van mal y ya está. Y para el comportamiento, lo mejor es una programación actitudinal cuyo objetivo principal sea el desarrollo de la convivencia en un clima de tolerancia. Prueba también a aumentar las sesiones de psicomotricidad, que suele dar resultado en chicos tan activos como los tuyos.

Lo que le está diciendo es que rebaje sus exigencias académicas y les enseñe menos. Le dice también que ponga por escrito, en no menos de 5 folios, lo que sería su ideal de comportamiento en clase, y que añada otros 5 especificando los procedimientos por los que -vana ilusión- espera que su conducta se modifique. Por último le dice que, si todo esto falla, les puede dar más tiempo de gimnasia, recreo o juego para que se desahoguen y, por lo menos, no den tanto la murga.

Lo grave de este tipo de respuestas ponen de manifiesto que quien las da (y son muchos los que las dan) no perciben como problema lo que el otro le está planteando. El lenguaje le parapeta la realidad; y como para cualquier situación hay un conjunto lingüístico, el que chicos escolarizados desde los 4 años lleguen a la secundaria sin saber dividir, sin saber hacer una redacción o sin comportarse civilizadamente no es considerado al final un problema."

Mercedes Ruiz Paz. La secta pedagógica. Madrid 2003.
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Mercedes Ruiz Paz es licenciada en pedagogía por la Universidad Complutense de Madrid, y en la actualidad ejerce de maestra en un colegio público. Tiene ideas bastante extremistas sobre las pedagogías modernas y dice también que "la mayoría de las veces, un pedagogo es alguien que le dice a un maestro lo que ha de hacer, sin estar en un aula". Aunque no estoy de acuerdo con muchas de las ideas vertidas en el libro, sí opino también que el lenguaje está parapetando la realidad, escurriendo el bulto y poniendo en práctica (ya somos testigos de ello) técnicas tan terribles como las "clases de diversificación" o "adaptaciones curriculares" mal entendidas, en las que se introduce a alumnos que no dan la media, y en lugar de reforzar los conocimientos, se les baja el nivel para que parezca que algo saben.
Es como bajar el palito para que salten y decir "¡uy! ¡qué bien!". Lo cual me parece no sólo un insulto a la inteligencia de los alumnos, sino a la sociedad entera y a los propios maestros, que pasamos por esta realidad actual de la educación (al menos en nuestro país).

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Si te interesa este post te sugiero este otro sobre el eclipse de la familia


El eclipse de la familia II

martes, 10 de noviembre de 2009

Se trata de una crisis en la autoridad en las familias. Pero ¿qué supone dicha crisis? En primer lugar, una antipatía y recelo no tanto como el concepto mismo de autoridad, sino contra la posibilidad de ocuparse personalmente de ella en el ámbito familiar del que se es responsable.


En su esencia, la autoridad no consiste en mandar; etimológicamente la palabra proviene de un verbo latino que significa algo así como "ayudar a crecer". La autoridad en la familia debería servir para ayudar a crecer a los miembros más jóvenes, configurando del modo más afectuoso posible lo que en la jerga psicoanalítica llamaremos "principio de realidad".

Es natural que los niños carezcan de la experiencia vital imprescindible para comprender la sensatez racional de este planteamiento y por eso hay que enseñárselo. Los niños -esta obviedad es frecuentemente olvidada- son educados para ser adultos, no para seguir siendo niños. [...] Si los padres no ayudan a los hijos con su autoridad amorosa a crecer y prepararse para ser adultos, serán las instituciones públicas las que se vean obligadas a imponerles el principio de realidad, no con afecto sino por la fuerza. Y de este modo sólo se logran envejecidos niños díscolos, no ciudadanos adultos libres.

Fernando Savater. El valor de educar. Ariel. 2000

El eclipse de la familia

Según Fernando Savater, la educación familiar funciona por vía del ejemplo, no por sesiones discursivas de trabajo. Un ejemplo claro es el de la mentira: se les dice a los niños que no hay que mentir, pero no se les enseña a no mentir, puesto que somos los primeros que mentimos delante de ellos.


El protagonismo para bien y para mal de la familia en la socialización primaria de los individuos atraviesa un indudable eclipse en la mayoría de los países, lo que constituye un serio problema para la escuela y los maestros.

Así se refiere Juan Carlos Tedesco a los efectos de esta mutación: Los docentes perciben este fenómeno cotidianamente, y una de sus quejas más recurrentes es que los niños acceden a la escuela con un núcleo básico de socialización insuficiente para encarar con éxito la tarea del aprendizaje. Para decirlo más esquemáticamente; cuando la familia socializaba, la escuela podía ocuparse de enseñar.

Ahora que la familia no cubre plenamente su papel socializador, la escuela no sólo no puede efectuar su tarea específica con la tarea del pasado, sino que comienza a ser objeto de nuevas demandas para las cuales no está preparada.

Con mayor frecuencia, los padres y otros familiares, siente desánimo o desconcierto ante la tarea de formar las pautas mínimas de su conciencia social y las abandonan a los maestros, mostrando luego tanto mayor irritación ante los fallos de éstos cuanto que no dejan de sentirse culpables por la obligación que rehúyen.
No me refiero a causas sociológicas, como la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y su igualación en muchos planos con los varones, la posibilidad de recurrir al divorcio y la variabiliad que introduce en las relaciones de pareja, la reducción del número de miembros fijos en la familia por ser cada vez más costosa o problemática la convivencia doméstica de varias generaciones de parientes, la "profesionalización" de las tareas del hogar que pasa de ser el nivel más humilde de la escala familiar -pero familia al fin y al cabo- a una prestación puntual que sólo pueden permitirse de forma estable las élites económicas, etc.

La principal consecuencia de estas transformaciones es que en los hogares modernos de los países desarrollados cada vez hay menos mujeres, ancianos y criados, que antes eran los miembros de la familia que más tiempo pasaban en casa junto a los niños.