La posibilidad del cambio

miércoles, 30 de junio de 2010

"Si queremos crear un mundo mejor, debemos empezar con nuestros hijos. Ellos no tienen rutinas establecidas ni ideas preconcebidas sino que llevan dentro de ellos la posibilidad del cambio" —Astrid Lindgren.

Y aquí está la historia de Diógenes y Alejandro Magno

miércoles, 9 de junio de 2010

Diógenes, el místico griego se encontró con Alejandro Magno cuando este se dirigía a la India. Era una mañana de invierno, soplaba el viento y Diógenes descansaba a la orilla de un río, sobre la arena, tomando el sol desnudo.
Era un hombre hermoso. Cuando el alma es hermosa, surge una belleza que no es de este mundo… Alejandro no podía creer la belleza y la gracia que tenía aquel hombre y le dijo:
-Señor -jamás había llamado `Señor` a nadie en su vida-, señor me ha impresionado mucho su persona, además he oído hablar de su gran sabiduría. Me gustaría hacer algo por usted, ¿Qué podría hacer yo por usted?
- Muévete un poco hacia un lado, pues me estás tapando el sol, esto es todo, no necesito nada más – dijo Diógenes.
-Si tengo una nueva oportunidad de volver a la tierra, le pediré a Dios que me convierta en Alejandro de nuevo y si esto no es posible, que me convierta en Diógenes – dijo Alejandro
Diógenes se rió y dijo:
-¿Quién te impide serlo ahora mismo? ¿Adónde vas? Durante meses he visto pasar ejércitos, ¿a dónde van? ¿Para qué?.
-Voy a la India a conquistar el mundo entero -dijo Alejandro.
-¿Y después que vas a hacer? -preguntó Diógenes.
-Después voy a descansar.
-Estás loco.
Yo estoy descansando ahora. No he conquistado el mundo y no veo que necesidad hay de hacerlo. Si al final quieres descansar, ¿por qué no lo haces ahora? Y te digo más si no descansas ahora nunca lo harás. Morirás. Todo el mundo se muere en el camino, en medio del viaje.
Alejandro se lo agradeció y le dijo que le recordaría, pero que ahora no podía detenerse. Alejandro cumplió su destino de conquistador pero no le dio tiempo de descansar antes de morir.

El pescador y el empresario

Este cuento me lo relató hace tiempo mi hermana, y me resultó paradójico que fuese precisamente ella, ya que soy yo la que siempre le da lecciones para evitar la ambición y la codicia, que sólo nos reportan malestar. En realidad se parece a la historia de Diógenes:


Había una vez un pescador tumbado en su barca, tranquilamente tomando el sol. Al poco pasó por allí un empresario y al ver la inactividad del pescador, pensó cuantas riquezas debía estar dejando pasar ese hombre por no ponerse a trabajar activamente. En un arrebato de compasión, el empresario decidió acercarse al pescador y tratar de "abrirle los ojos":

-Pero, ¡hombre! ¿qué haces ahí tumbado? ¿No ves que en este tiempo podrías estar pescando más peces?- a lo que el pescador respondió
-¿Y para que quiero pescar más peces de los que ya pesco al día?-
-Pues para comprar más barcas-
-¿Y para qué quiero más barcas?-
-Para pescar aún más peces-
-¿Y para que quiero pescar aún más peces?-
- Pues, porque con las ganancias adquiridas podrías comprar una flota de barcos-
-¿Y para qué quiero una flota de barcos?-
-Pues para ganar el dinero que te permita no trabajar y tumbarte al sol todos los días-
-¿Y no es eso lo que ya estoy haciendo?

Moraleja; para qué ser feliz con más, cuando se puede ser feliz con menos. Como ya dije en un post anterior; mentes complejas, aspiraciones sencillas. Y no al revés.



El mito de Zeus y Atenea

martes, 8 de junio de 2010

La terapeuta Maureen Murdock, autora de La hija del Héroe, describe a las mujeres que de pequeñas se identificaron en exceso con el padre como "incapaces de reconocer ninguna vulnerabilidad, demasiado exigentes consigo mismas y muy desconectadas de sus emociones".


Se trata de pequeñas que nunca se identificaron con la madre. Desde niñas, optaron por formar equipo con su padre queriendo ser como él, como los hombres. Con el tiempo, acabaron relegando a la oscuridad su naturaleza femenina y, con ello parte de sus valores y capacidades.

Los antiguos griegos describieron esta circunstancia con el mito de Atenea, la diosa que no nació de una mujer sino de su padre, Zeus, quien la extrajo de su propia cabeza. Hoy, la sociedad favorece este proceso. En realidad, podríamos hablar de una auténtica masculinización de la sociedad, ya que se concede más importancia a los valores masculinos de la competitividad, la agresividad y la capacidad de producción que a la capacidad afectiva y cuidadora.



Algunas mujeres se convierten en exclusivas hijas del padre, en vez de continuar con el linaje femenino [...]. Un tipo de razocinio típicamente masculino que, aunque valioso, deja de lado la intuición, la integración y que plantea algunas carencias a nivel emocional.
¿Pero qué significa que Atenea salga de la cabeza de Zeus en lugar de otra parte del cuerpo? Según Murdock, que ésta va a a estar sujeta a los ideales que tiene el hombre sobre ella, es decir, va a estar condicionada por lo que piensa que tendría que ser en lugar de por lo que es. Esto también significa que las hijas se alejan de la madre ya que, para ser respetadas, no ha de ser como ellas, que representan la naturaleza. También significa que las hijas no son tan importantes como los hijos ya que son los que transmiten la pureza del linaje.

En la actualidad, muchas mujeres reproducen en su vida adulta las características del padre. Sobre todo a nivel profesional, nos hemos puesto en una carrera para ser iguales que los hombres, y lo cierto es que lo hemos conseguido en gran medida.

Hemos asumido que podemos hacer lo que queremos y no estar supeditadas al hombre, pero a costa de ser como él. Hemos renegado de nuestra naturaleza y la hemos controlado. Si no hemos hecho eso nos hemos considerado tontas o poca cosa, de segunda categoría, dado que lo valorado era lo típicamente masculino. [...] La clave para salir de esta situación es reconocer que la madre también tiene cosas buenas.

En otro modelo masculino , si la hija se ha identificado tanto con el padre es en gran medida porque, lo ha convertido en su dios. Este dios se convertirá más tarde en su juez interior, el que le dictará qué valores y comportamientos están "bien" y cuales están "mal", qué está o no está permitido, y con qué grado de exigencia se penalizan las desviaciones de esta conducta "divina". Pero se trata normalmente de un dios/hombre represor, normativo, que crea culpa y que hay que obedecer. Es sin duda una imagen muy limitada de masculinidad; deberíamos tener presente que así como existe un dios represor normativo, también existe otro dios, protector, bondadoso y amoroso. Se trata de una imagen menos difundida, pero no por eso inexistente.


Mireia Darder. Dra. en Psicología. Miembro fundador
y docente del institut Gestalt de Barcelona.