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Y aquí está la historia de Diógenes y Alejandro Magno

miércoles, 9 de junio de 2010

Diógenes, el místico griego se encontró con Alejandro Magno cuando este se dirigía a la India. Era una mañana de invierno, soplaba el viento y Diógenes descansaba a la orilla de un río, sobre la arena, tomando el sol desnudo.
Era un hombre hermoso. Cuando el alma es hermosa, surge una belleza que no es de este mundo… Alejandro no podía creer la belleza y la gracia que tenía aquel hombre y le dijo:
-Señor -jamás había llamado `Señor` a nadie en su vida-, señor me ha impresionado mucho su persona, además he oído hablar de su gran sabiduría. Me gustaría hacer algo por usted, ¿Qué podría hacer yo por usted?
- Muévete un poco hacia un lado, pues me estás tapando el sol, esto es todo, no necesito nada más – dijo Diógenes.
-Si tengo una nueva oportunidad de volver a la tierra, le pediré a Dios que me convierta en Alejandro de nuevo y si esto no es posible, que me convierta en Diógenes – dijo Alejandro
Diógenes se rió y dijo:
-¿Quién te impide serlo ahora mismo? ¿Adónde vas? Durante meses he visto pasar ejércitos, ¿a dónde van? ¿Para qué?.
-Voy a la India a conquistar el mundo entero -dijo Alejandro.
-¿Y después que vas a hacer? -preguntó Diógenes.
-Después voy a descansar.
-Estás loco.
Yo estoy descansando ahora. No he conquistado el mundo y no veo que necesidad hay de hacerlo. Si al final quieres descansar, ¿por qué no lo haces ahora? Y te digo más si no descansas ahora nunca lo harás. Morirás. Todo el mundo se muere en el camino, en medio del viaje.
Alejandro se lo agradeció y le dijo que le recordaría, pero que ahora no podía detenerse. Alejandro cumplió su destino de conquistador pero no le dio tiempo de descansar antes de morir.

El pescador y el empresario

Este cuento me lo relató hace tiempo mi hermana, y me resultó paradójico que fuese precisamente ella, ya que soy yo la que siempre le da lecciones para evitar la ambición y la codicia, que sólo nos reportan malestar. En realidad se parece a la historia de Diógenes:


Había una vez un pescador tumbado en su barca, tranquilamente tomando el sol. Al poco pasó por allí un empresario y al ver la inactividad del pescador, pensó cuantas riquezas debía estar dejando pasar ese hombre por no ponerse a trabajar activamente. En un arrebato de compasión, el empresario decidió acercarse al pescador y tratar de "abrirle los ojos":

-Pero, ¡hombre! ¿qué haces ahí tumbado? ¿No ves que en este tiempo podrías estar pescando más peces?- a lo que el pescador respondió
-¿Y para que quiero pescar más peces de los que ya pesco al día?-
-Pues para comprar más barcas-
-¿Y para qué quiero más barcas?-
-Para pescar aún más peces-
-¿Y para que quiero pescar aún más peces?-
- Pues, porque con las ganancias adquiridas podrías comprar una flota de barcos-
-¿Y para qué quiero una flota de barcos?-
-Pues para ganar el dinero que te permita no trabajar y tumbarte al sol todos los días-
-¿Y no es eso lo que ya estoy haciendo?

Moraleja; para qué ser feliz con más, cuando se puede ser feliz con menos. Como ya dije en un post anterior; mentes complejas, aspiraciones sencillas. Y no al revés.