Sueño III: La habitación.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Estoy tumbada boca abajo en el suelo de mármol de la casa de mi padre. Me levanto un poco con los brazos. Hay restos de pegamento y semen resecos sobre el suelo. Es fácil diferenciarlos.
Hay un hombre sentado a mi lado. No le veo el rostro. Me siento sobre él. Nos ponemos de pie. Ahora él es mi hermana y tiene 15 años. Yo también tengo 15 años*. Estamos en el jardín de Basil Hallward. Vamos cogidas del brazo. Nuestra frivolidad adolescente es tan patente que resuena en el sueño y esa idea es el decorado.
Entramos a la casa, pero es la de nuestro padre, otra vez. Hay un largo pasillo sin luz. En lo profundo es oscuro, y más allá, totalmente negro. No tenemos miedo a la oscuridad y entramos. El miedo nos excita. Caminamos por el pasillo. Cada vez es más oscuro. Una bifurcación. A la derecha. Otra. A la izquierda. Aún puedo recordar las bifurcaciones, no hay problema. Mi hermana decide salir ya y tranquilamente se da media vuelta. Yo sigo. Bifurcación. Izquierda. Bifurcación. Derecha. Qué grandes son este pasillo y esta casa. Ahora no hay nada de luz, está todo negro. La oscuridad me envuelve, parece una manta. No me asusta, pero me incomoda. Apoyo la mano sobre la pared, así no te pierdes en un laberinto**. En este momento sé que el laberinto es mi subconsciente. Me preocupa llegar muy profundamente y perderme él. En ese punto, ya me doy la vuelta, pero ya no puede engañarme. Es evidente. Ahora sé que estoy dormida y comienzo a controlar el sueño.


*soy tres años mayor que mi hermana.
** es un pensamiento dentro del sueño.

Sueño II: El elefante

domingo, 18 de diciembre de 2016

Salto del gran acantilado y me sumerjo en el mar. Toco el fondo y no subo a la superficie. Ese fondo es espectacular. Es color tan vívido, intenso, que restalla como un sonido. Me embriaga y aturde la cabeza como el alcohol. El elefante ha llegado y su color es superior. Está formado de pequeños y complejos dibujos, como un mandala de miles de colores. Sabía que llegaría antes de que lo hiciese.

Estoy de pie sobre el elefante. Los talones juntos, los brazos abiertos en "T". Mi pelo está hecho de algas verdes. Por supuesto, es un verde muy vivo. Flota sobre mi cabeza. Quiere alcanzar la superficie. 
Visto de manera primitiva. Voy vestida con una especie de bikini de cuero rojo muy intenso. Hay pintura roja por mi cuerpo. Así avanzamos por esa selva marina. De cada roca de color, cada alga, cada grupo de corales, salen miles de burbujas también coloreadas. Cientos de pequeños peces de muchos colores saturan la escena con más color. Resulta obsceno y los colores cada vez son más fuertes e intensos. El sueño va a estallar pero no me despierto.

Sueño I: El coche

jueves, 15 de diciembre de 2016

Estoy buscando el coche. No lo encuentro, y por eso estoy ahora en mi habitación. Despierto. Son las 11. Debería estar en el trabajo. Despierto. Son las 9. Despierto. Son las 8:50.
El niño que sostengo en mis manos está desnudo, acaba de nacer. Mide 7 centímetros de la cabeza a los pies. Ahora es Cleopatra. Estamos en el interior de un gran cubo de piedra gris muy oscuro. Hay un altar en el interior del prisma sobre un zigurat con escaleras también de piedra. Vuelve a estar en mi mano. Duerme. Se gira y muestra sus colmillos. Sonríe. Es un pequeño hijo de puta. Me muerde. Tengo el mar bajo mis pies y nos traga a los dos. El bebé se me enreda en el pelo. Lucho para que no me muerda el cuello también. Quiero aplastarlo. Nado y lucho floto, sobre mi cama. Es una avispa y me ha picado el cuello. Quiero aplastarlo, pero tengo que subir al tren.
Al bajar olvido una bolsa. Vuelve a pasar el tren hacia el lado contrario. Subo, vuelvo a bajar. Pasa el mismo tren hacia el lado opuesto. Subo y vuelvo a bajar mientras miro el escritorio de mi nueva habitación.

Entonces me despierto.

Desear la muerte de un viejo

jueves, 8 de diciembre de 2016

Más de una vez me encontrado en la situación de desear la muerte de alguien. El que niegue haberse visto pensando algo parecido es un hipócrita.

Conozco a una persona cuya vida está totalmente supeditada a la dependencia de su madre. Una anciana que lo único que hace es ver la tele día y noche. A veces come y duerme. También se queja.
Me sorprendí pensando:
- Esta mujer podría morirse ya, para lo que hace.
Entonces desear la muerte de un viejo va en función de las cosas que hace. Si sale, tiene amigos, toma tapas, se va de viaje, entonces es merecedor de la vida. Si no, pensamos que lo mejor que puede pasarle es morirse. En ese punto, lo mejor que te le va a pasar en la vida es la muerte.

Es un derecho inalienable de todo ser humano malograr su vida.
No sé si se me entiende, estoy de parte de la vieja, aunque esto entre en contradicción con el hecho de desear su muerte. Que haga con su vida lo que le plazca a pesar de nuestras opniones. No entremos en esa forma de pensamiento unitario en el que sólo hay una manera correcta de vivir la vida. No hay maneras correctas de vivir la vida, sólo hay maneras de vivirla.


Pues yo más. You lose II

domingo, 4 de diciembre de 2016

¿Qué te sugiere este anuncio?:



Me da la impresión de que dice: "¡vamos! colecciona ciudades, compite, alcanza el estatus ideal de persona media que te vendemos, o mejor, se más que la persona media".

El agón está en todo lo que implica esfuerzo y sufrimiento, una lucha por ser el primero, una visión de la vida agonística de los griegos anclada en la cultura actual.
Y nos resulta costoso evitarlo, estamos presionados y casi saboteados en nuestra forma de pensar a diario. Esta entrada me la sugirió ese anuncio colocado en la columna derecha de la red social "facebook", y como dije en un post anterior (You lose), en una sociedad que es competitiva lo peor que puede sucederte es perder, tú pierdes, you lose. Teniendo en cuenta además que en el primer puesto sólo puede estar uno, y por un breve espacio de tiempo, ya que pronto otro lo desbancará. Y aunque es compresible que es difícil separar ideas y sensaciones en celdas estancas, ya que unas se mezclan con otras, al final la felicidad está asociada al éxito y la infelicidad al fracaso, cuando sabemos que es mucho más que eso. Lo sabemos, pero no lo aplicamos.

Prueba a pronunciar esta frase en tu cabeza: me conformo con lo que hago.
¿Conformismo o aceptación? ¿Qué es para ti?

Lo cierto es que no nos conformamos con lo que hacemos, y nos resulta casi imposible dejar de lado las comparativas a causa del sabotaje a la integridad que mencioné más arriba, ni nos sentimos satisfechos si decimos, por ejemplo, que hemos estado en 17 ciudades, si llega otro y dice que ha estado en 18, ya no estaremos contentos con nuestros viajes, sino que la cifra cegará el placer de haber viajado. Nos vamos convirtiendo en insatisfechos crónicos.
Estamos hartos de escuchar y leer ideas de este tipo, pero hay que recordarlas casi con la misma insistencia en la que se nos incita a olvidarlas. Por eso quiero recordarte que lo que hagas, no lo hagas para ganar, sino porque te reporta placer, satisfacción, crecimiento personal, etc.

Hay quien opina que la frase "lo importante es participar" sólo la dicen los que pierden, pero se olvidan de que participar es lo único importante.